miércoles, 18 de diciembre de 2019

Un análisis de Martín Fierro y Los pichiciegos por Diego Reitovich 5to.1era (2019)


Análisis de las obras: Martín Fierro de José Hernández y Los pichiciegos de Rodolfo Fogwill

por Diego Reitovich 5to. 1era. (2019)

El Martín Fierro se publicó en 1872 por José Hernández, que en aquel momento era opositor del gobierno de Sarmiento y de su ideología segreguista de la dicotomía civilizado-bárbaro como también del servicio de fronteras, que juega un papel primordial en la obra. Hernández estaba en contra de prescindir de los gauchos y excluirlos hasta el exterminio o hasta el punto de contemplarlos como parte de la barbarie sarmientina, entonces más tarde el Martín Fierro se convirtió en obra de reivindicación al gaucho y su identidad, su valor, sus tragedias y vivencias, con el objetivo de demostrar que los gauchos no deben ser mandados a matar y morir contra los pueblos originarios en las fronteras, sino más bien ser incluidos y percibidos como pares en una sociedad que les dé trabajo de mano de obra y un lugar que conozcan bien de cerca: el trabajo de tierras y estancias. El autor dirigía en realidad esta obra a los intelectuales de la clase dominante como intento de concientización para hacer ver que el gaucho valía más en el sistema productivo que muriendo en la frontera, pero el Martín Fierro llegó a los propios gauchos y ellos lo tuvieron como baluarte identitario, recitándolo en pulperías y circulando entre ellos con admiración.
Más tarde, con las inmigraciones de los años veinte llegaron también los exiliados de la resistencia a la guerra, hambre y pobreza de Europa, con sus ideas revolucionarias y a favor del obrero. Los gobernantes no esperaban (claramente y tratándose de esa camada liberal que era en realidad separatista y genocida) este tipo de inmigrantes no dóciles. Ante esto, los intelectuales se propusieron crear una identidad nacional para autopercibirse frente a las disidencias masivas europeas que iban copando Buenos Aires, entonces empezaron a indagar en cuál sería la esencia del ser nacional. Lo que hace Lugones y esto a partir de los dichos de Rojas sobre tener que encontrar la esencia del ser nacional en el interior del país y no en la “infestada” porteñada es exacerbar la figura del gaucho como poema épico nacional. Entonces en 1913 da una serie de conferencias ante la élite porteña donde determina qué es ser argentino o no. Acá es cuando elige como ser nacional al gaucho Martín Fierro, quien se supone combate simbólicamente contra toda esa oleada inmigratoria.
La primera parte de la obra se trata todo el conflicto gaucho-poder y cómo este sufre los ultrajes del poder que lo abandona enviando al servicio de frontera, dejando expresa la lógica del biopoder en este ámbito: un control sobre cierto “capital vitalicio de vidas” con un eje racista muy fuerte y que busca la consecuente exterminación de esta comunidad, apartándola de sus tierras, haciéndola enfrentarse a los indígenas (que al fin y al cabo también estaban condenados por el biopoder y por la desidia del Estado, no solo ausente sino hostil, asfixiante y exterminador) y alejándolos de toda vida pasada conocida, alterando su identidad con formas aberrantes.
En la Vuelta del Martín Fierro se desarrolla con Hernández consciente y sus lectores gauchos, muchos de ellos como peones de las estancias, una suerte de consejos morales para el gaucho, donde se ve a un Martín Fierro menos revolucionario, más tibio y a favor de la construcción y auge de una civilización moderna y capitalista, dejando atrás sus conflictos de la primera parte (hay que tener en cuenta que así como cambió Fierro, lo hizo también Hernández entre esos siete años de la primera y segunda parte, y lo escribió en el medio de la inmigración europea y modernización capitalista argentina: Hernández también se entibió) y se mostró más civilizado , como habiéndole dado un nuevo valor al sentido de civilización (uno mucho más optimista y bien predispuesto)

En relación a Los pichiciegos, el terror del Estado tiene una lógica bastante parecida, y eso que hay casi cien años entre obra y obra. Por su parte Los pichiciegos fue publicado en 1983, aunque escrito durante la misma temporalidad y guerra de Malvinas. Las condiciones en donde están los soldados son terribles, y es que negados a enfrentar la guerra y seguramente la muerte, terminan en ese lugar subterráneo, apresados y con poca comida y se las tienen que ir arreglando entre ellos y conviviendo hasta que la guerra pasara. Los cuatro reyes que mandaban son los que empezaron la movida de la pichicera. A ellos se les debía el refugio, por lo tanto ellos tenían que tener el poder entre los pichis. En general, algunos soldados (pibes) terminaban locos, estaban muy perseguidos, con un miedo voraz encima. Y claro, si sos un chico de dieciocho años y te mandan a una guerra porque sí, porque caíste en eso, lógicamente va a ser una experiencia traumática, separados de sus familias, amigos de su barrio, sus cotidianeidades, y abandonados por la institución que los debería defender: un gobierno terrorista que impulsaba la guerra y creaba motines y matones comerciales mercantiles también (contexto neoliberal).

Puedo decir al final de esta revisión por estas dos grandes obras, primero que nada, que son plenamente útiles para el trabajo de memoria (sobre todo Los pichiciegos) y que resultan emblemáticas y simbólicamente pesadas y potentes a la hora de poner a la vista problemáticas de poder y en estos casos, la del abandono (e irónicamente la presión tajante y destructiva) por parte del Estado, cuestión que está perfectamente reflejada en la esencia de Fierro y los pichis, y que nos sirve para ver y entender quizá más claramente cómo y por qué después sucedió el caso Carrasco. Que ningún pibe más tenga que aprender como levantar un fusil antes que aprender sobre la última dictadura, para que no haya más Omares Carrasco. Porque se lo debemos a él y a los chicos arrebatados de sus familias que no volvieron a casa. Se lo debemos, se lo debemos.



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